Externalización de Costos en la Economía Corporativa
 
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EXTERNALIZACION DE COSTOS EN LA ECONOMIA CORPORATIVA
Por Herriot Elmer Rodríguez Nomura

Tanto compras tanto vales; es una buena frase que identifica a la actual sociedad de consumo, donde la valoración de la persona ya no esta en función a su capacidad intelectual, al nivel de conocimientos especializados o en su capacidad para dar paz espiritual; la valoración se define por su capacidad de gasto en bienes de consumo.
Luego de la crisis financiera que empezó en los Estados Unidos, era común escuchar a los voceros del Gobierno Americano preocupados por el nivel de confianza de sus consumidores, decir es necesario reactivar la demanda interna con un mejor nivel de consumo; la desconfianza social respecto de la capacidad de los mercados para devolverles la tranquilidad hizo retroceder el consumo en un país donde en promedio el 70% de su producción se destina precisamente al mercado interno; medidas como el bono para cambiar los vehículos usados por nuevos o medidas financieras sustentadas en el gasto de gobierno sobre la base de la descomunal deuda externa pública norteamericana para salvar de la quiebra a los banqueros mundiales y dar liquidez al sistema financiero a fin de satisfacer la demanda de dinero por transacción, solo constituyen muestras elocuentes de la necesidad de mantener y/o acrecentar la capacidad de compra de bienes en ésta sociedad de consumo, cuyo ejemplo en medidas anti cíclicas fue copiada por otros países incluido el Perú.
Resulta que la sociedad consumista es precisamente la base sobre la cual se desarrolla el modelo corporativo mundial, donde el incrementar la demanda de bienes de consumo es la base para reactivar una economía. Los créditos de largo plazo muchas veces con incentivos fiscales como los bonos del buen pagador o los bonos del chatarreo financiados con gastos públicos improductivos se hacen necesarios para reactivar el consumo como una variable que pretende reemplazar temporalmente los efectos recesivos de la caída de las exportaciones; aunque ello, en ninguna medida sustituye la capacidad natural que tiene el sector exportador en el financiamiento del proceso de desarrollo interno
La producción de bienes de consumo descartables no es casual, los bienes duraderos no son buenos para la economía corporativa; se puede hablar de computadoras, carros, e incluso relaciones sociales descartables de fácil venta en los apus del neoliberalismo, donde comprar es el nuevo un rito sagrado. No es bueno gastar en calidad educativa, en salud preventiva, en la conservación del medio ambiente; es mejor gastar en planificar la obsolescencia de los productos para alimentar el consumo aunque la percepción social de obsolescencia por la moda también acrecienta la necesidad de compra. La percepción de ser anticuados por el tipo de carro que se usa al poblador común lo hace sentirse socialmente marginado, la compra de un vehículo nuevo es la opción para una falsa inclusión social.
El uso de los medios de comunicación masiva para presentar la publicidad, aumenta la ansiedad por comprar productos novedosos descartables pero que son una buena solución y una buena salida para superar ese estado crítico; las compras alivian la frustración y la ansiedad, alivian el penoso sentimiento de sentirse marginal al punto que las personas empiezan a sentirse mejor con una nueva computadora portátil, con un televisor de pantalla plana o con un carro último modelo.
Comprar para alimentar el ego y reforzar los sentimientos de seguridad ayuda a la consolidación de la economía corporativa y también nos ayuda a olvidar nuestro rol dentro del planeta y dentro de la sociedad; comprar nos hace olvidar la marginación y la tremenda exclusión de nuestros pueblos indígenas, de la creciente destrucción de sus bosques andinos y amazónicos, de la contaminación de sus suelos y de sus aguas de ríos y mares no solo por los productos que usan las empresas mineras o petroleras, sino por la producción de deshechos provenientes de los productos descartables – basta recordar que una sola batería de teléfono celular tiene la capacidad para contaminar unos 600,000 litros de agua.
En ésta sociedad de consumo, la felicidad de la unión y de la paz familiar es suplantada con la felicidad que se adquiere al ir de compras como una moderna expresión de calidad de vida donde el slogan sería : poseer bienes descartables para una vida descartable. Comprar mas y vivir menos, la gente escapa de la vida misma comprando, viendo televisión o conversando por internet con personas que no las ve ni las conoce.
Ahora es fácil comprar por la variedad de productos, la innovación, los precios bajos y las facilidades crediticias en un sistema económico que empieza con los procesos de extracción ilimitados de las materias primas que luego las industrializa, las comercializa y las deshecha; todo ello sin considerar los limites en la capacidad de abastecimiento de los recursos naturales del planeta, sin tener en cuenta los problemas que causa la explosión demográfica, la degradación natural de los deshechos o en la capacidad que se tiene para reciclar residuos. Tampoco se toma en cuenta que éste sistema productivo de la economía corporativa al interactuar con el medioambiente, al destruir los bosques, las fuentes de agua, los medios de vida de la poblaciones indígenas, genera las condiciones socio económicas para conseguir mano de obra barata calificada y no calificada; son los movimientos migratorios del campo a los centros mineros o del campo a la ciudad los que aseguran ésta disponibilidad. Es allí donde empiezan a proliferar los centros urbanos marginales, sin servicios básicos, sin seguridad, sin un futuro pensionable ya sea en el sistema nacional de pensiones o en el sistema privado de pensiones, quizá lo único que les queda y les importe es la supervivencia. Tal vez, estemas hablando también de la existencia de una sociedad de deshecho que vienen de pueblos desechables, de culturas desechables por la creciente depredación de su medio ambiente por parte de la economía corporativa para alimentar la sociedad de consumo.
El desempleo, el subempleo o el empleo ridículo son la consecuencia del fenómeno donde las remuneraciones de 0.90 centavos de dólar por hora de trabajo para aquellos que ganan el sueldo mínimo se constituyen en necesarios para alimentar el consumo, las tarjetas de crédito incluso para aquellos que ganan un aproximado de 100 dólares mensuales son el mecanismo que ayuda no solo a incrementar las ventas sino a la mejor concentración de la riqueza – la refinanciaciones de las deudas es lo mejor que puede pasar para la economía corporativa -.
Precios bajos y facilidades de compra, se muestran como bondades de la economía corporativa, donde la alta rotación de los inventarios, la lenta rotación de sus cuentas por cobrar, la facilidad para conseguir financiamientos de largo plazo explican en parte las bondades; pero, donde queda el concepto de externalización de sus costos de producción como pilar fundamental para la existencia de los precios bajos.
Externalizar costos, implica cargar parte de éstos a la sociedad ya sea en la fase de extracción, de producción, de comercialización o de deshecho, manifiestos a través de los precios bajos por las materias primas, los bajos sueldos y salarios por la mano de obra ya sea en el sector formal, en el sector informal o en las empresas que emplean una mixtura de empleo formal e informal, los bajos o nulos costos por leyes sociales como consecuencia de la existencia de un empleo informal y/o temporal tanto en el sector de las PYMES como en el sector público inclusive, los nulos costos que tienen las empresas al depredar territorios, por contaminar las aguas, el aire, los bajos costos de la extracción de minerales en territorios indígenas, los bajos costos en salud muchas veces totalmente inexistentes en los pueblos andinos o amazónicos y los tremendos costos que asume la sociedad por la privatización de los servicios públicos o por la privatización de los fondos de jubilación. Es lamentable ver que dentro del proceso de externalización de costos, el Estado Social de Derecho no juega ningún rol fundamental por ser un eslabón inferior dentro de la economía corporativa mundial.